En nombre de Su Santidad, el Papa León XIV, quisiera expresar mis cordiales saludos a todos los participantes en la Cumbre AI for Good 2025, organizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), en colaboración con otros organismos de las Naciones Unidas y copatrocinada por el Gobierno suizo. Dado que esta cumbre coincide con el 160º aniversario de la fundación de la UIT, quisiera felicitar a todos los Miembros y al personal por su labor y sus constantes esfuerzos para fomentar la cooperación mundial con el fin de llevar los beneficios de las tecnologías de la comunicación a los pueblos de todo el mundo. La conexión de la familia humana a través del telégrafo, la radio, el teléfono, las comunicaciones digitales y espaciales plantea desafíos, en particular en las zonas rurales y de bajos ingresos, donde aproximadamente 2.600 millones de personas todavía carecen de acceso a las tecnologías de la comunicación.
La humanidad se encuentra en una encrucijada, ante el inmenso potencial generado por la revolución digital impulsada por la Inteligencia Artificial. El impacto de esta revolución es de gran alcance y transforma áreas como la educación, el trabajo, el arte, la atención médica, la gobernanza, el ejército y la comunicación. Esta transformación histórica requiere responsabilidad y discernimiento para garantizar que la IA se desarrolle y se utilice para el bien común, construyendo puentes de diálogo y fomentando la fraternidad, y asegurando que sirva a los intereses de la humanidad en su conjunto.
A medida que la IA se vuelve capaz de adaptarse de forma autónoma a muchas situaciones mediante la toma de decisiones algorítmicas puramente técnicas, es crucial considerar sus implicaciones antropológicas y éticas, los valores en juego y los deberes y marcos regulatorios necesarios para defender esos valores. De hecho, si bien la IA puede simular aspectos del razonamiento humano y realizar tareas específicas con una velocidad y eficiencia increíbles, no puede replicar el discernimiento moral o la capacidad de formar relaciones genuinas. Por lo tanto, el desarrollo de tales avances tecnológicos debe ir de la mano con el respeto a los valores humanos y sociales, la capacidad de juzgar con una conciencia clara y el crecimiento de la responsabilidad humana. No es casualidad que esta era de profunda innovación haya llevado a muchos a reflexionar sobre lo que significa ser humano y sobre el papel de la humanidad en el mundo.
Aunque la responsabilidad del uso ético de los sistemas de IA comienza con quienes los desarrollan, gestionan y supervisan, quienes los utilizan también comparten esta responsabilidad. Por lo tanto, la IA requiere una gestión ética adecuada y marcos regulatorios centrados en la persona humana, y que vayan más allá de los meros criterios de utilidad o eficiencia. En definitiva, no debemos perder nunca de vista el objetivo común de contribuir a esa “tranquillitas ordinis – la tranquilidad del orden”, como la llamaba san Agustín (De Civitate Dei) y promover un orden más humano de las relaciones sociales, y sociedades pacíficas y justas al servicio del desarrollo humano integral y del bien de la familia humana.
En nombre del Papa León XIV, quisiera aprovechar esta oportunidad para alentarlos a buscarla claridad ética y a establecer una gobernanza local y global coordinada de la IA, basada en el reconocimiento compartido de la dignidad inherente y las libertades fundamentales de la persona humana. El Santo Padre os asegura de buen grado sus oraciones en vuestros esfuerzos por el bien común.
Card. Pietro Parolin, secretario de Estado de Su Santidad